Si hablas con cualquier pata de tu edad en el Cusco, en Trujillo o bajando de una combi en Lima, vas a sentir lo mismo: estamos hartos. No es que no nos interese el país, es que estamos cansados de que nos vendan la misma película con distintos actores.
Crecimos viendo cómo el Estado se infla, cómo se crean más ministerios y más empleados públicos, mientras que en la calle las cosas siguen igual o peor. Al cerrar este 2025, la sensación es que ya no nos tragamos el cuento de que un político va a venir a solucionarnos la vida. Lo único que queremos es que dejen de estorbarnos.
El problema de fondo es que nos acostumbraron a un sistema que ve al joven como alguien a quien hay que «darle cosas» a cambio de votos, cuando en verdad lo que necesitamos es que nos quiten las cadenas. El populismo izquierdista de los últimos años ha sido una trampa. Nos dijeron que el Estado era el dueño de la verdad, pero lo único que hicieron fue llenar las oficinas públicas de gente incapaz mientras que tú, si quieres poner un negocio o lanzar un proyecto, tienes que pelearte contra una pared de permisos, impuestos absurdos y multas que parecen extorsiones legales.
Ser joven y querer ser independiente en el Perú es hoy un deporte de riesgo. La izquierda radical nos vendió un discurso de «pueblo», pero terminó creando una élite que vive de nuestros impuestos mientras nosotros seguimos sorteando huecos en la pista y rezando para que no nos quiten el celular en la esquina.
El 2026 es el momento de poner las cosas en su sitio. No estamos buscando un salvador ni a alguien que salga bien en TikTok. Lo que hace falta es alguien que entienda que la riqueza la creas tú con tu chamba, no un burócrata sentado en una oficina en Lima. Necesitamos un país con reglas simples, donde emprender sea tan fácil como mandar un mensaje y donde la seguridad no sea un privilegio, sino una realidad.
El voto joven para abril del 2026 tiene que ser un portazo a la vieja forma de hacer política. Ya vimos que el modelo de «papá Estado» fracasó, ahora nos toca a nosotros exigir un modelo basado en la libertad, en la propiedad y en la decencia. Menos promesas, y más cancha libre para trabajar. Ese es el verdadero cambio que se viene.